Añoro las buenas costumbres

Con frecuencia y viajando en el colectivo, observo que nadie cede el asiento a un abuelo o abuela. Es notable cuando los escolares viajan, tan indiferentes.

Qué pena da ver a los niños, educados en la desidia de sus padres. En otras circunstancias, los jóvenes se hacen los dormidos. También, algunos choferes no tienen consideración cuando suben o bajan personas mayores.

En las oficinas públicas o en el hospital, los grandes no tienen prioridad. Y esto lo he visto con mis propios ojos: una abuela de 80 años fue al médico a las 8 de la mañana y esperó muy paciente. Eran las 16, cuando preguntó: “¿Me atienden a mí?” Alguien se acercó y le dio la mañana noticia. El médico no había venido. ¡Yo pienso que éste es un maltrato que raya la humillación!

Ellos merecen el respeto de todos. Cuántas abuelas después de haber criados a sus hijos y haber trabajado, hoy cuidan a sus nietos. A qué se debe esta pérdida de las buenas costumbres y la práctica de las virtudes. ¿Será cosa del pasado?